viernes, 24 de febrero de 2017

El caso Fanning, Capítulo 13

Capítulo 13

Nos amotinamos

A veces, un leve pestañeo puede durar una eternidad. En esa fracción de segundo que dura un parpadeo, oí a Ray gritar «¡No!», sentí la onda expansiva de la detonación vibrar dentro de mi cabeza y mil pensamientos, mil recuerdos de mi amistad con Sam, acudieron a mi cabeza. «Yo la había metido en esto. Yo los había metido a todos en aquel embrollo». Me sentía culpable. Pero mis ojos ya estaban abiertos cuando las últimas palabras resonaban en mi cabeza, y lo que veían desmentía los peores presagios. No era Sam quien había recibido el disparo, ni era Jack quien lo había efectuado. En medio de la confusión, nadie había reparado en que Carrie se encontraba en el umbral de la puerta, junto a las escaleras que conducían al piso superior. Al oír el primer disparo, comprendió que había que actuar rápido y cambió los planes sobre la marcha. Desde aquella posición, y en cuanto Jack estuvo en su línea de tiro, de un certero disparo le arrancó la pistola de la mano. Todos estábamos sorprendidos, pero nadie lo estaba tanto como el propio Jack, que se quedó inmóvil, mirándose la mano herida. Un tropel de policías irrumpió en la casa, derribando puertas y ventanas. Carrie seguía en pie, apuntando con su arma a Jack.
–Esposadlo, muchachos. Y cacheadlo; seguramente lleva encima los diamantes –ordenó el teniente Donaldson–. ¿Se encuentra bien, Muffin? –¡Carrie! –corrí a abrazarme a mi hermana.
–¿Estáis todos bien? –preguntó. Todos asentimos, incluso el Sr. Thomson. La Sra. Thomson seguía abrazada a Lily, pero en perfecto estado.

–Habrá que mirar esa herida –dijo un agente.
–Aquí están los diamantes –mostró un agente, sacándolos de una bolsita de terciopelo negro.

Otro policía examinaba a Rose, mientras sus compañeros se llevaban a Jack.
–¡Está viva! Pedid una ambulancia –Sam se acercó a ella.
–¡Gracias, Rose! –la mujer sonrió. También Laura se acercó.
–¿Dónde está mi hermano? –preguntó.
–No lo sé, Laura.

–¿Laura? –preguntó Ray.
–Es mi verdadero nombre: Laura Coleman.
–Solo Vincent sabe dónde está. Jack tiene un teléfono al que hay que llamar todos los días. Es lo único que sé –Rose hizo un gesto de dolor. Su herida sangraba– Siento mucho lo que ha sucedido. Nunca fue mi intención haceros daño a tu hermano y a ti.
–¡Un momento! –intervino Carrie– ¿Vincent? ¿Se refiere a Vincent Mafredi? – Rose asintió.
–¡Ha llegado la ambulancia! –anunció un agente, al tiempo que entraban los enfermeros para atender a Rose y al Sr. Thomson. Nos retiramos para dejarles trabajar. La casa era un hervidero de policías y médicos. Un caos de murmullos y luces de las sirenas, que se colaban por las ventanas.

–¡Tienen que ayudar a mi hermano! Está en manos de ese tal Sonny –suplicó Laura.
–¡Vamos, chicos! Tenemos que hablar con el teniente –dijo Carrie.

Salimos fuera. La calle estaba llena de coches de policía, ambulancias y curiosos. El teniente estaba al frente del cotarro.
–Teniente Donaldson –se presentó Carrie.
–¡Buen trabajo, Carrie! –felicitó el teniente– Teníais razón chicos. ¡Habéis pescado un pez muy grande!
–¡Gracias, teniente! –respondió mi hermana– Pero aún hay algo más. Los detenidos esperaban a
Vincent Manfredi –la policía sospechaba que él estaba detrás del robo, y sabía que tenía negocios sucios, pero Manfredi siempre había sabido cómo librarse.
–¿Quiere decir, que
Manfredi está en camino?
–Así es –confirmó Carrie.
–¡Bien chicos! –ordenó a sus subordinados– Quiero que todo esto esté despejado en cinco minutos. ¡Esperamos visita!

Mientras hablábamos, llegaron un par de coches patrulla más. En ellos viajaban nuestros padres, que se bajaron corriendo para abrazamos.
–¡Richard! ¡Estábamos muy preocupados! ¿Te encuentras bien, hijo? – preguntó mi madre, palpándome por todo el cuerpo, como si quisiera cerciorarse de que estaba entero.
–¡Ha sido increíble, mamá! –es lo único que se me ocurrió decir– Tendrías que haber visto la puntería de Carrie. ¡Menudo disparo!

No sé si debería haber dicho eso. Afortunadamente, en ese momento salían de su casa los Thomson, camino de un hospital –los médicos querían hacer unas pruebas al Sr. Thomson, sólo para estar seguros– y se acercaron a nosotros
–¡Gracias, chicos! Nos habéis salvado la vida. Os habéis portado como auténticos héroes –luego, el Sr. Thomson estrechó, uno por uno, la mano a nuestros padres– Pueden estar muy orgullosos de sus hijos. ¡Gracias de nuevo! ¡Nunca lo olvidaremos! –los médicos les indicaron que debían marcharse ya.
Inmediatamente después, Rose salió en una camilla. Naturalmente, su estado era peor que el del Sr. Thomson, pero los médicos dijeron que se recuperaría. Carrie, se separó un poco de nosotros, para poner al teniente al corriente de la delicada situación del pequeño Mike.
–Verá teniente –dijo mi hermana–, aún queda algo más por resolver. La pequeña que acompañaba a los secuestradores es la hija de Roger Coleman.
–Sí, recuerdo que fue el único detenido tras el robo –apostilló el teniente.
–Al parecer, ella y su hermano Mike fueron secuestrados para presionar a Coleman. El niño aún sigue en poder de la banda. Parece que se encuentra en Citypolis. Según Rose, lo tiene retenido una tal Sonny, por orden de Vincent. Él es el único que sabe dónde se encuentra.
–Bien, avisaré a las autoridades de Citypolis.
–No parece usted muy optimista –insinuó Carrie.
–Vincent es un tipo escurridizo, Muffin. Nunca admitirá nada. Coleman fue lugarteniente de Nanfredi; sabe todo lo que hay que saber sobre los negocios de Vincent y podría hundirlo. Después de lo que le ha hecho a sus hijos, estoy convencido de que estará furioso, pero no testificará contra su antiguo jefe mientras Mike esté en sus manos. Retener al pequeño en su poder es su mejor seguro de vida. Estoy seguro de que Jack tampoco dirá nada. Mi experiencia en la policía me dice que es un tipo duro y extremadamente leal.
–No sé qué le voy a decir a esa pobre niña... –susurró Carrie.

Mi hermana miraba a Laura, que estaba en pie, sola, mientras nosotros recibíamos el consuelo y las felicitaciones de nuestros padres. Había sufrido mucho y había sido muy valiente. Se merecía algo mejor.
–Es muy tarde. Que los chicos se vayan a casa. Ya resolveremos el papeleo mañana por la mañana –dijo el teniente– ¡Vamos, muchachos! Hay que dejar esto bien limpio. La fiesta no se ha acabado y aún falta el principal invitado – ordenó a sus hombres.
–¿Y Laura? –preguntó Carrie.
–Avisaremos a Asuntos Sociales. Ellos se ocuparán –sentenció el teniente– Supongo que se la devolverán a su madre; quizá tenga otros parientes que se puedan ocupar de ella.

Carrie sabía que no se podía hacer otra cosa. Se acercó a nosotros, algo decepcionada.
–Bien, nos vamos a casa. Mañana habrá que resolver algunas formalidades – nos indicó que subiéramos a los coches.
–Pero, ¿qué ocurre con Mike? Lo rescatarán, ¿verdad? –preguntó Laura angustiada.

–Claro. La Policía de Citypolis hará todo lo posible –Carrie no fue demasiado convincente.
–¡No! –exclamó Laura– No me iré a ninguna parte hasta que Mike esté libre.

–Interrogarán a Vincent... Darán con él, ¡ya lo verás!

–¡No! ¡No la creo! ¡Quiero ver a mi hermano! –no iba a ser tan fácil engañar a Laura. Había pasado ya por demasiadas cosas.
–¿Por qué no localizamos el teléfono? –se me ocurrió proponer– La policía puede saber la dirección, si sabe el teléfono.

–¡Claro! –dijo Carrie– Jack lo conoce: nos lo dirá. Ya verás.
–¡Jack no dirá nada! –replicó ella. Su mirada se cruzó con la de Jack, que le sonreía maliciosamente desde el coche patrulla donde estaba esposado.
–No es necesario –intervino Sam–, Jack llamó desde la heladería de Charlie.

–Y desde Lago Paraíso –apostilló Ray.
–Se podría investigar... Está bien, se lo propondré al teniente. Avisaré a unos compañeros para que os lleven a casa.
–¡Ni hablar! ¡No nos vamos a ninguna parte! –mis socios y yo nos plantamos– No vamos a esperar hasta mañana para conocer el desenlace.
–¿No crees que ya habéis tenido suficientes emociones por hoy, jovencito? – intervino mi padre.
–No pensamos irnos.
–¿A qué viene esto, Richard? Obedece a tu padre. Nos vamos a casa.
–Sube al coche, Sam.
–Ray, ya lo has oído.
Los adultos hicieron frente común, pero nos mantuvimos firmes.
–Es nuestro caso. Nosotros lo hemos resuelto: ¡nos quedamos! –hablé en nombre de la Agencia de Detectives Muffin’s Tops.
–¿Qué hacen aún aquí? Deben marcharse cuanto antes –el teniente Donaldson se impacientaba– No pueden estar aquí. Están entorpeciendo la labor de la policía

–A los chicos se les ha ocurrido que podríamos investigar las llamadas que Jack realizó desde Lago Paraíso. Quizá podamos averiguar así la dirección en que está retenido Mike. Pero no quieren marcharse a casa hasta que todo se resuelva. Creo que no abandonarán a Laura. Es su caso, tanto como el nuestro –argumentó Carrie. El teniente se rascó la cabeza, antes de responder. –¡Está bien! Haremos lo siguiente, si a todos les parece bien: tú irás con Murray a Lago Paraíso. Que Phil y Walt los lleven mientras tanto a comisaría. Llamaré al capitán y le explicaré cuál es la situación. Si a él le parce bien, pueden esperar allí. No puedo garantizar nada, ¿de acuerdo? –nos advirtió– Todo depende de lo que él decida. Pero que se vayan: Vincent debe de estar al caer y ¡lo van a echar todo a rodar!
–¡Nos parece bien! –respondimos. Miramos a nuestros padres.
–¡Está bien! Vosotros ganáis –admitió mi padre.
–En marcha, entonces –propuso Carrie.
–¿Y nuestras bicis? –preguntó Ray.
–No te preocupes ahora de las bicis –repliqué– Nadie las va a Robar.


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