lunes, 23 de noviembre de 2015

Nieve

Esta foto está tomada en noviembre de 2008, en el macizo de Peñalara, con la primera cámara digital que tuve: una Casio Exlim de poco más de 1 mega. No mucho más gruesa que una tarjeta de crédito y aproximadamente de las mismas dimensiones. Y no hacía malas fotos. Poco más que decir.



lunes, 16 de noviembre de 2015

Micromundo

Cuando éramos niños, y veíamos películas y series de ciencia-ficción, nos reíamos un poco viendo a personajes que hablaban por videoconferencia a través de sus relojes. Algo que a nadie sorprende hoy.
Detesto haber caído en manos de los informáticos: cuando las cámaras eran de película, uno se hacía un equipo y solo era cuestión de capricho renovarlo. Pero el básico podía durarte toda la vida. Una vez llegada la electrónica y lo digital, un equipo se queda anticuado ¡en cuestión de meses! Hay que reconocer, no obstante, que los avances y los resultados han mejorado notablemente. ¡Quién me iba a decir que iba a poder hacer esta foto con un teléfono móvil!

miércoles, 11 de noviembre de 2015

martes, 10 de noviembre de 2015

Roca y agua

Fotografía tomada el domingo 8 de noviembre, en el Parque Nacional de Ordesa.


lunes, 2 de noviembre de 2015

La mujer más bella

Hedy Lamarr, cuyo verdadero nombre era Hedwig Eva Maria Kiesler (Viena, 9 de noviembre de 1914 - Orlando, EEUU, 19 de enero de 2000), era mucho más que una cara bonita. Y eso, que la expresión «una cara bonita» se queda muy corta para describir la belleza de la que fue considerada por muchos la mujer más guapa de su generación.
Y seguramente lo era. Su belleza le abrió las puertas de Hollywood, pero también fue, en ciertos momentos, un lastre. No es difícil imaginar que, como le ocurre a tantas personas muy atractivas, Hedy Lamarr no sería más que un codiciado trofeo para muchos hombres. Pero no me refiero a eso aquí. O quizá, sí. Porque Hedy era demasiado guapa para tomársela en serio. ¿Inteligente y hermosa? ¡No! Sin embargo, tras esa mirada cautivadora y esa sensual melena negra, bullía un cerebro lleno de inquietud y brillantes ideas, en las que se basaría una tecnología con la que ahora estamos tan familiarizados, que nos parece trivial. 
Porque quizá pocos lo sepan, pero las tecnologías del wifi y del bluetooth existen hoy gracias a un invento de Hedy, una visionaria con los ojos más hermosos de su época.
La historia de esta mujer es fascinante y, desde luego, invito al lector a profundizar más en su increíble biografía. Puede que no sea más que una anécdota un tanto morbosa, pero ilustra bien el espíritu audaz de la actriz: en 1933 protagonizó el primer desnudo en la gran pantalla (hablamos de cine no pornográfico, claro), en un film llamado Ekstase (Éxtasis) dirigido por Gustav Machaty, en el que la actriz debía interpretar, además, un orgasmo.
Ese mismo año, Hedy se casó con su primer marido, Friedrich Mandl, un magnate de la industria armamentística austriaco que, pese a ser en parte de origen judío –los padres de Hedy también eran judíos, aunque convertidos al catolicismo–, fabricaba armas para los nazis y gozaba de buenas relaciones, tanto con Adolf Hitler, como con Benito Mussolini. La parte buena de este matrimonio es que los contactos de su marido le brindaron a Hedy la oportunidad de familiarizarse con una tecnología de la que más tarde se beneficiaría su talento. La parte desagradable, es que Mandl era un marido controlador que tenía a Hedy encerrada bajo llave. Pero la inquieta joven no tardó en ingeniárselas para escapar. Manteniendo un idilio con su asistenta o drogándola para ello –esto no está claro–, lo cierto es que Hedy burló la férrea vigilancia a la que estaba sometida y, para cuando llegó a EEUU, ya tenía un contrato como actriz en la industria cinematográfica de Hollywood. Adiós a Hedy Kiesler. Había nacido Hedy Lamarr.
Ya en EEUU, divorciada de Mandl y con la guerra en marcha, Hedy puso sus conocimientos de la tecnología bélica alemana al servicio de su país de acogida y participó activamente en el esfuerzo de guerra, como hicieron las demás actrices de Hollywood. En ese contexto, conoce a un moderno compositor, George Antheil, que estaba interesado en el uso de la mecanización en la composición musical. En aquella época, existían ya los torpedos dirigidos por radiocontrol, pero eran poco efectivos, ya que, una vez que el enemigo identificaba la frecuencia, le era muy fácil desactivar el proyectil. A Hedy y a Antheil se les ocurrió la genial idea de incorporar la tecnología de la pianola al sistema de radiocontrol. Las frecuencias a las que se emitían las señales -88 en total-, cambiaban siguiendo un patrón codificado en un dispositivo semejante al rollo en que está grabada la música de una pianola. Solo quien conocía el patrón de cambio de frecuencias podía operar el aparato, lo que lo convertía en prácticamente indescifrable. Este sistema de salto de frecuencias, como se conoce ahora, es el germen de la tecnología que sustenta el wifi del router y el bluetooth del teléfono móvil. En reconocimiento a su aportación, el día 9 de noviembre se celebra el Día Internacional del Inventor.

Donde una vez...

Fotografía tomada el pasado día 4 de octubre.