lunes, 29 de junio de 2015

Otro de los grandes que se ha ido

Con solo 67 años de edad, ha fallecido el pasado 27 de junio Chris Squire, bajista y uno de los fundadores de Yes. Mi grupo favorito de todos los tiempos, dicho sea de paso. No diré nada más aquí, salvo expresar mi agradecimiento por las incontables horas de disfrute que su música me ha proporcionado a lo largo de tantos años. D. E. P.

martes, 9 de junio de 2015

Por qué no creo en la recuperación

No acostumbro a hablar de política en este blog y no sé si esta entrada se puede considerar así, pero, por una vez, voy a hacer una excepción. No se trata de criticar a este gobierno: la mediocridad y la desfachatez de los políticos españoles no merece desperdiciar tanto esfuerzo. Se trata, más bien, de hacer balance. Años antes de que la burbuja estallara, me empeñaba en anunciar a todo el que quiso escucharme el desastre que se avecinaba. Arrancaba alguna que otra sonrisa cuando vaticinaba un batacazo que llevaría a muchos a comer de los contenedores de basura. Si un humilde ciudadano vio la que se nos venía encima, ¿por qué los políticos y los responsables económicos no detuvieron la hecatombe a tiempo? La respuesta es clara: codicia. Muchos estaban ganando demasiado dinero para ser prudentes; había que apurar. Apretemos la teta un poco más, antes de que se seque del todo. Y la teta se secó. El país –hablo en general–, había sido soberbio y codicioso. El ciudadano corriente soñaba con ser como los ricos y acudió al festín como el gallo de la fábula: sin saber que él era el plato principal. Pero la banca, como suele suceder, siempre gana. Tras la crisis, el pueblo español, creyendo aún en el engaño, votó a un partido que en nuestro país representa al neoliberalismo que ha llevado al mundo donde está, con unas políticas que utilizan argumentos que parecen razonables y profundos, pero cuya única finalidad es favorecer que quienes ya tienen una fortuna acumulada ganen aún más. Más política neoliberal para curar la enfermedad del neoliberalismo. Por eso no miro con simpatía el movimiento del 15 M: mientras los españoles creían ser los afortunados poseedores de un piso que se revalorizaba mes a mes, a nadie le indignaba lo que estaba sucediendo; en cambio, cuando vinieron mal dadas, de pronto, como el capitán Renault de la película, se escandalizaron al reparar en que 'en este local se juega'.
¿De quién era la culpa? Veamos. Este santo país nuestro ha recibido, en los últimos 30 años, el mayor y más generoso impulso desde las instituciones de la UE para ponernos al día, para equipararnos al resto de los países europeos. Y, si bien es verdad que ni comparación con cómo era España antes de la entrada en la UE; aunque es cierto que nuestro país necesitaba modernizarse desesperadamente, una vez superada aquella fase de carestía de infraestructuras, había llegado el momento de dar el siguiente paso: la apuesta por la inteligencia, la creatividad, la cultura y la investigación. Pero el chiringuito era demasiado lucrativo y fácil para dejarlo, y las obras se multiplicaban, fueran necesarias o no,  para que los de siempre se siguieran llenando los bolsillos. Y en eso, parece que no pocos políticos han hincado el diente. Los casos de corrupción están ahí por algo. Los votantes lo sabían, pero seguían eligiendo a los mismos candidatos con el lema 'roban, sí, pero algo me caerá a mí'. La consecuencia de todo esto: una economía subsidiada (las cifras de crecimiento coincidían sospechosamente con el 4 % del producto interior bruto que el país recibía en ayudas de la UE, como ya señalara en su momento Gerhard Schröder) y propensa a la corrupción. Pago de sobornos y presupuestos a la baja, para llevarse los contratos, y luego 'sobrecostes sobrevenidos' que duplican el precio final de las obras públicas y que la administración consiente: por algo será. Un modelo que, dicho sea de paso, hemos intentado exportar.
Naturalmente, la culpa de lo que nos había sucedido no era nuestra. De los malvados alienígenas que habían copado los puestos de gobierno –ahora llamada 'La Casta': tampoco es completamente falso ni completamente cierto– y de los alemanes. Que nos den el dinero y ya lo gastamos nosotros como queramos. Pero, nos guste o no, la austeridad viene impuesta; si hemos gastado con anticipación –tanto las administraciones, como las familias– el dinero de dos o tres generaciones, ahora habrá que apretarse el cinturón y fabricar ese dinero que hemos gastado a cuenta. ¿Dónde hacer el ahorro? Quizá cuando desde Bruselas –y Berlín– se nos exige contención, no se refieran tanto a los recortes en sanidad y otros servicios esenciales, como en las obras absurdas, concedidas para favorecer a los amiguetes, en los 'cuñaos' colocados como consejeros de 'nadie sabe bien qué', que se levantan 6.000 € mensuales y en otras lindezas del mismo pelaje.
Como consecuencia del desengaño, viraje a la izquierda. Pero lo que veo no me convence: los partidos tradicionales merecen un correctivo y ya no gozan de la confianza que es necesaria, y los que vienen me parecen poca cosa. No veo talla política en los nuevos, capaz de sacar adelante la situación ni ilusionar al personal.
Y ahora viene el otro problema: la creación de empleo. Una de las raíces del mal de esta España nuestra es el proverbial desinterés por la inteligencia, la creatividad y el conocimiento. La prueba es que no existe una ciencia española; hay algunos españoles que han hecho contribuciones concretas, que es muy diferente. La quintaesencia de esta faceta del carácter hispano se resume en la célebre frase –pronunciada por uno de nuestros más insignes intelectuales– de 'Que inventen ellos'. Pues bien, aquí tenemos el problema de fondo: ¿cómo se crea un tejido económico puntero, vital, ágil y sano sin invertir en crear productos propios, innovadores y de calidad? Naturalmente, ¡no se puede! La economía española es mediocre, y seguirá siéndolo, porque es demasiado arduo y difícil competir por calidad y resulta más fácil mejorar los beneficios bajando los sueldos. Ofrecemos productos mediocres, pero baratos; ofrecemos mano de obra cualificada a precios de saldo –filosofía de país desarrollista, lo que nunca hemos dejado de ser del todo– para inversores extranjeros. Porque sí, ese es el destino que aguarda a España; el que reclaman los organismos monetarios internacionales: el de fuente de mano de obra barata. Saldremos de la crisis, en el sentido más estricto de la expresión –dejaremos atrás la recesión–, pero lo haremos como un país empobrecido y mediocre. Hemos desaprovechado, una vez más, una excelente oportunidad y eso se castiga. Ya la generación del 98 hablaba de la necesidad de regenerar España. Por lo visto, somos un país que se degenera con mucha facilidad. Lo peor, es que tampoco veo autocrítica ni lucidez en el país para comprender lo que ha pasado y enmendarse. En fin, que como suele decirse, 'hemos hecho un pan como unas hostias'. ¡Qué cansancio!

martes, 2 de junio de 2015

Día 20

Gunter cerró los ojos y volvió a verla. Tal cual la había contemplado en su último crepúsculo en Bellatrix. Decían que en la Tierra eran muy hermosos, pero a él le gustaban los suyos. Se subió al viejo armazón, como en tantas ocasiones había hecho en su infancia, para contemplarlo antes de partir. La vieja ruina yacía sobre la panza, gloriosa en su desolación —el ennegrecido lomo iluminado por los últimos rayos del día que expiraba—, con esa exótica belleza que emana del fracaso y la destrucción, y nos toca en lo hondo arrancándonos una melancólica sonrisa. En otro tiempo, su reluciente pellejo había reflejado la luz de mil estrellas que acariciaron su casco. ¿Cómo iba la vieja obstinada a resignarse a su fatal destino? Quiso remontar el vuelo una vez más, pero las fuerzas no llegaron. Y aunque ahora ya nada restase entre aquellos despojos que permitiese adivinar los días de esplendor, al estrellarse contra el suelo en medio del desierto, abierto el costado, había escrito la página más hermosa de todas. Gunter la echó de menos.