miércoles, 21 de agosto de 2013

El cantor incontestado

Me siento a escribir sobre una ballena, y no sé por dónde empezar. Cuando se trata de algo tan misterioso y, a la vez, emotivo, como es el caso de 52 Hz, resulta demasiado fácil caer en tópicos y sentimentalismos. Procuraré evitarlos, pues. Empecemos por presentar al misterioso protagonista de esta historia de anomalía y soledad, por demás fascinante. Hace algunos días leía el periódico, cuando me topé con uno de esos artículos que, a falta de la actividad política o futbolística capaces de llenar las páginas de los diarios, tan típica del verano, ayudan a cubrir de palabras el aterrador desierto blanco del papel aún no escrito. Por mi parte, me parece más interesante que los consabidos casos de corrupción, que tampoco son ninguna novedad ni nada que no supiéramos —¡ya era hora de que salieran a la luz! Pero no es eso de lo que quiero hablar, un tema que me aburre ya mortalmente, sino de un ejemplar de ballena, que se ha convertido en algo así como el paradigma de la soledad del individuo diferente. Se descubrió en 1989 al grabar sonidos submarinos, y desde entonces se ha detectado su presencia casi sin interrupción. Sus movimientos están muy bien documentados: suele moverse entre las costas de California y Alaska. Lo realmente peculiar de este ejemplar, que hasta donde yo sé nunca ha sido identificado concretamente (hay un documental en marcha sobre el asunto), es su canto: mientras que las demás ballenas cantan a una frecuencia de unos 16 Hz, este único individuo lo hace a la insólita frecuencia de 52 Hz. ¿Por qué? Nadie lo sabe, pero se supone que padece alguna clase de defecto físico que le impide hacerlo a la frecuencia normal. Es su voz y nada más. ¿Quién sabe? Quizá, simplemente le gusta más hacerlo así. Lo cierto, y esto llamó la atención de los científicos y, más tarde también del público, es que nadie responde a su canto. Las otras ballenas no reconocen ese sonido y nadie en el mundo conversa con él (o ella).  52 Hz es un solitario incomprendido. Incomunicado. Desde que su caso se hizo público son muchas las personas que todos los años escriben a los biólogos del equipo que lo sigue para manifestar su simpatía por el animal y afirman sentirse identificadas con él. Por lo visto, la rareza no es tan "rara". ¿Quién no se siente como 52 Hz, aunque sólo sea en algún aspecto concreto de su relación con los demás? En cuanto a mí, confieso que tener la sensación de hablar un idioma como de otro planeta, no me es un sentimiento desconocido. Estoy familiarizado con él desde la infancia. Tampoco me siento particularmente incómodo con ello: la soledad y el ostracismo no me resultan tan intolerables y, según de quiénes vengan, pueden llegar como un alivio. No me gusta impregnarme de gregarismo más de lo necesario, de ese pegajoso aglutinante con el que otros se sienten tan cómodos. No, gracias.

No era mi intención, pero me está saliendo una especie de manifiesto de adhesión a 52 Hz. Salvo que, a diferencia de otros raros (hasta en eso soy raro), no me lamento de mi aislamiento. Es fácil culpar a los demás de no entendernos. Bueno, si uno canta a 52 Hz, no puede pretender exigir que los demás lo entiendan. Es potestad del que nos oye, escucharnos o no; y en el caso del raro, uno está en franca minoría, así que lo tiene difícil. Hay quien se esfuerza por hacerse comprender (recuerdo esto con angustia en mi niñez) y quien, como yo, ha renunciado a ello. También los raros tenemos nuestra parte en el asunto: si los demás no pueden evitar no comprenderme, yo no puedo evitar que no me interesen la mayoría de las cosas que los demás encuentran apasionantes, y es potestad mía no esforzarme en buscarle la gracia. La clave está en procurar coexistir pacíficamente: hay sitio para todo. Lo malo es que, a veces, los "normales" son un verdadero coñazo y no cejan en su empeño de normalizar a todo cristo. Lo siento, no se esfuercen porque soy un caso perdido; a esta edad, ya me dirán. Por otro lado, la gente rara pretende a menudo saldar una especie de deuda con el mundo y hacer sentir a todos culpables, como si el raro fuese siempre mejor que los demás, por el mero hecho de serlo (bueno, yo sí). En algunos casos, el raro es un genio incomprendido, pero también otros en que es un monstruo (que los hay; curiosamente, estos suelen resultar fascinantes al público, que se deja arrastrar por ellos hasta el abismo), aunque la mayoría no posee otro rasgo sobresaliente que el de ser una variante de la normalidad. No es fácil distinguirlos y la masa tiende a protegerse reduciendo a todos al mínimo común denominador: mejor cortar por lo sano. ¡Qué le vamos a hacer! Por mi parte, continuaré mi viaje y cantaré mi canción, aunque nadie la comprenda. Y no me entiendan mal, me gusta la buena compañía: nada como una buena conversación con los amigos. Es sólo que, como decía Moretti:

Sà cosa stavo pensando? Io stavo pensando una cosa molto triste, cioè che io, anche in una società più decente di questa, mi troverò sempre con una minoranza di persone. Ma non nel senso di quei film dove c'è un uomo e una donna che si odiano, si sbranano su un'isola deserta perché il regista non crede nelle persone. Io credo nelle persone, però non credo nella maggioranza delle persone. Mi sà che mi troverò sempre a mio agio e d'accordo con una minoranza.

 En cualquier caso, si quieren saber más sobre 52 Hz, pueden visitar estos enlaces, donde encontrarán otros más, así como archivos de sonido con grabaciones de su insólito canto:

52 Hz, la balena più solitaria del mondo
52-hertz Whale

Puede ser interesante tirar un poco más del hilo. Que lo disfruten. En fin, que ca'uno es como es.