viernes, 30 de septiembre de 2011

La corte de los avestruces


En la corte de los avestruces se vivían tiempos extraños. Las ratas creían ser raudos halcones; los antílopes ya no sabían correr. El invierno era el verano y la nieve habíase tornado en carbón. Se veneraba la locura y era enfermedad la sensatez.
—¿Qué más puedo hacer?—dijo cabizbajo y compungido el médico de la corte, frotando desconcertado sus espejuelos con la punta del chaleco—, ¡si  ya hemos rellenado con estiércol las cabezas!
—Tal medida—apostilló el Primer Ministro—, no podía fallar.
—Y, ¿qué me decís del mañana?—preguntó el bufón, haciendo sonar graciosamente los cascabeles de su nuevo tocado papal.
—Hicimos morcillas con él y nos lo cominos por Navidad, como bien recordaréis—replicó el Cocinero Real.
En eso, entró en la sala un pollo que, gracias a un edicto recientemente promulgado en el reino, era profesor de frenología y ejercía con gran éxito este mester. El ave, que estaba muy agitada—hasta el punto de que, antes de pronunciar una palabra, puso un huevo, ¡ya lo veis!—, habló así:
—¡Caballeros, el pueblo está muy descontento! Reclama brebajes más espesos, átomos más densos, más irrespirable el aire, músicas menos melodiosas, pensamientos más turbios. ¡Hay demasiada claridad!
—¡Pues tendrán que aguantarse!—intervino el Ministro de Finanzas—Las Reales Arcas están vacías. Los fondos se han invertido en transformar los cocos en ciruelas y viceversa. Si quieren bañarse en ciénagas, que infecten ellos mismos las aguas.


Se vivían tiempos extraños en la corte de los avestruces.


FIN

Otra locura escrita por Carlos Olalla Linares


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lunes, 26 de septiembre de 2011

Granos de arena, nada más

Me haces preguntas que no sé responder; que, acaso, no tengan respuesta. Me parece que vivimos en la rompiente: somos como esos granos de arena que se agitan frenéticamente en la orilla, constantemente arrastrados por borbotones de un agua que ellos mismos enturbian. Se mueven incesantemente, sin rumbo, sin conocer nunca el reposo; y sin llegar jamás a ninguna parte. ¿Será ese tu destino? No lo sé, viejo amigo. Sinceramente, espero que no.