lunes, 11 de diciembre de 2017

Retrato

Lápiz y albayalde.


miércoles, 29 de noviembre de 2017

Retrato de Peter (II)

Como el anterior, retrato al pastel de mi buen amigo Peter.


martes, 7 de noviembre de 2017

Cuando llega el otoño

Esta semana, por partida doble.



viernes, 27 de octubre de 2017

Sobre el tan manido «derecho a decidir»

No acostumbro a escribir sobre temas de política en este blog. Ya hay demasiados «doctores de la Iglesia» pontificando en internet, y por todas partes, para añadir otra voz al coro. Tantos, que al final no se entiende un pijo. Como dice el refrán, Demasiados cocineros estropean el caldo. Pero es que la situación ha llegado a un punto en el que hay que posicionarse. Pues bien, en esto del problema catalán –disculpen, tantas comillas y cursivas, pero es obligado usarlas para referirse a un problema artificialmente creado y, por tanto, en cierta medida ficticio– nadie parece querer decirle la verdad a la gente. Especialmente los independentistas: no se llega a un acuerdo, porque estamos discutiendo sobre la compra de un unicornio. Se vende algo que no existe, y eso se llama estafa. Se parte de una falacia: el derecho a decidir. Por supuesto, todos tenemos derecho a decidir sobre nuestras vidas. Pero no se puede decidir sobre lo que es imposible. Ya decía un autor clásico que «Los hombres pueden hacer lo que quieran; lo que no pueden es querer lo que quieran». A veces, es la autoridad quien lo impide; otras, es la realidad la que lo niega. Y contra esta, nada se puede. No hay apelación. De nada sirven las pancartas contra la ley de la gravedad. Uno no tiene derecho a levitar, y la culpa no es de Newton. Pero, parece que basta introducir la palabra mágica «derecho» en el discurso, para cargarse de razón, sin recordar que auténticos derechos universales hay solo unos pocos, y que uno no puede invocar unos supuestos derechos, cuando estos fuerzan a los demás a renunciar a los suyos. Sí, ya sé lo que me van a decir: el derecho a la autodeterminación de los pueblos es un derecho universal y reconocido. Pero, no me negarán que tiene su gracia que lo invoquen quienes parecen olvidar que el mismísimo fundador de España, el rey Fernando de Aragón, era lugarteniente general de Cataluña. Los mismos que han tergiversado la historia en las escuelas, para crear una supuesta identidad nacional en unas generaciones que para nada parecen saber de qué va todo esto: ayer, ante el Parlament, algunos estudiantes independentistas portaban banderas de la República, olvidando que se trata de una ¡bandera española! Pero, sobre el escándalo de las universidades españolas ya hablaremos otro día. Desconocen la historia reciente: cuando se acusa a España de no querer negociar, me pregunto, «Entonces, cuando se crearon las autonomías, los parlamentos autonómicos, cuando se reconocieron las lenguas del Estado, cuando se crearon las policías autónomas y se transfirió casi todo a los gobiernos autonómicos, ¿no se estaba negociando?» No sé en qué país he vivido estos 52 años. Instrumentos todos, que se han utilizado para adoctrinar y manipular a la gente. Y esta es la clave de todo el asunto.
No, no se puede hacer un referéndum pactado, como proponen por ahí los «enrollaos» de turno. Y no se puede hacer, porque sería vinculante y nos arriesgamos a que la respuesta sea un «Sí, a la independencia», algo que no podemos permitirnos conceder. No, porque abriría el grifo a la desintegración del país. No, porque ni España ni Cataluña, ni ninguna de sus regiones, se puede permitir económicamente la separación. No somos un país rico. No, porque uno no permite que una persona se suicide, aunque sea su voluntad, si puede evitarlo; máxime, si con ello se lleva por delante a los demás. La independencia de Cataluña sería un desastre para la propia Cataluña, para el resto de España y abriría una crisis extremadamente grave en Europa. Basta echar una ojeada a la historia más reciente, para ver lo que sucede con los referéndums cuando se convocan de manera irresponsable. En Grecia se votó lo que se votó, pero la realidad se impuso y no pudo aplicarse el resultado, simplemente porque Grecia necesitaba el dinero de Europa para pagar las pensiones, por ejemplo. El Brexit es otro ejemplo de venta de unicornios. La democracia es algo demasiado valioso para arriesgarla de manera tan frívola. A los que salen a manifestarse, les pediría que no nos den tantas lecciones de democracia y miren mejor a los intereses de quién sirven; quién se beneficia de la desintegración de Europa, de la erosión de la democracia y de la ruptura de los vínculos transatlánticos. Y vamos a dejarlo ahí: «quien tenga inteligencia para entender, que entienda». Los catalanes harían mejor en preocuparse de quién tiene acceso a los datos del censo, ahora que está en internet al alcance de cualquier hacker con conocimientos medianos, en lugar de preocuparse tanto del artículo 155. ¿Cómo se puede ser tan ingenuo? ¡Dios mío, qué ridículo tan espantoso estamos haciendo ante el mundo entero!

P. D.: ayer, cuando vi a la gente en las calles de Cataluña celebrando lo que había pasado, como su fuera un flashmob, riendo, destapando botellas y bailando, pensé: «Sí, ¡ja, ja, ja! Nos hemos cargado el país. ¡Qué risa!». Pero esto no es ninguna broma. Cuánto sufrimiento ha traído ya a Europa el nacionalismo. Es una enfermedad que infecta su médula y de la que no parece capaz de desembarazarse. Y la gente ríe. Cuando llegue la factura –que pagaremos todos, no solo los catalanes; y será abultada–, ya veremos.

viernes, 20 de octubre de 2017

Puma

Hacía 35 años que no pintaba una acuarela. Espero que os guste.


martes, 12 de septiembre de 2017

Vía muerta

Fotografía tomada la pasada semana en el túnel de una línea de ferrocarril abandonada.


miércoles, 6 de septiembre de 2017

La nube

Una nube se interpuso entre Günter y Capella. Y era su desprecio.