lunes, 14 de agosto de 2017

sábado, 12 de agosto de 2017

El espejo

El rey convocó a sus caballeros. «Una terrible amenaza se cierne sobre el reino», les anunció. El rey mesóse las barbas –hacía tiempo albas–, dejando en suspenso su discurso. Un instante bastaría –en tanto los estimaba–, para que los nobles Guardianes del Reino se aprestaran a su defensa. Mas, para su asombro, ninguno de los hombres que lo rodeaban acudió al emplazamiento; ninguno rehuyó la mirada con vergüenza, y esto fue lo que más le dolió. «Desdeñáis la sabiduría. Las fiestas, otrora sagradas, no significan para vosotros nada, sino una ocasión para el exceso. De noche, yacéis en vuestros mullidos lechos y sobre vuestra blanda arrogancia de día. Cultiváis vuestros cuerpos, fingiendo imaginarios combates ante un espejo y celebráis la victoria derramando vino en cálices de oro», les recriminó. Pero los caballeros tejían ropajes con la indignación de su rey.
Convencido el monarca de que no hallaría el coraje entre sus corrompidos caballeros, resolvió buscarlo entre sus humildes súbditos. Los emisarios pregonaban por doquier el requerimiento de su rey, pero el edicto resonaba en el vano estaño de los espíritus. En todo el reino no encontraron un hombre capaz.

«¿Esta es la hora de tribulación del mundo, y no hay en todo el reino un brazo tan generoso que se alce para aliviar su dolor?», se lamentaba el rey.

Por fin, tomó una decisión: vistió su armadura, montó su caballo y partió solo al sacrificio. Nadie salió a despedirlo. Los caballeros sortearon las pertenencias del anciano rey, pero nadie aceptó el trono vacante.

martes, 8 de agosto de 2017

En vuelo

Los vencejos no se posan ni para beber. Foto tomada el pasado sábado 5 de agosto.



miércoles, 28 de junio de 2017

lunes, 19 de junio de 2017

lunes, 12 de junio de 2017